Pisar la tierra, mirar el cielo

>> Día y horario para público en general:

  • Sábados y domingos.
  • de 16 a 18 h.

>> Hall de ingreso al Planetario. 

  • Por orden de llegada.
  • Actividad libre y gratuita.

 

 

"Sí, son millones de estrellas. Y millones de estrellas son dos ojos que las miran." Antonio Porchia

 

Recorrer la tierra y el cielo, así como hacer preguntas y explorar respuestas son algunas de las cuestiones centrales de un viaje de conocimiento. En este sentido, pisar la tierra y mirar el cielo, forman parte de una exploración que son vitales en el derrotero de las ciencias en general y la astronomía en particular. 

Con el objetivo de transitar un nuevo viaje que invita a explorar, crear, experimentar y jugar. Se trata de un recorrido a través de tres espacios:

- Raíces del cielo: intercambio de saberes en torno a cosmovisiones. 

- Lazos de estrellas: actividad interactiva que busca crear constelaciones de manera individual y colectiva.

- Naturaleza insurgente: observar, experimentar, programar.

 

El recorrido por cada uno de estos territorios implicó la construcción de dispositivos lúdicos desde una perspectiva inclusiva y el desarrollo de actividades experimentales. La astronomía cultural como soporte histórico y conceptual, brindará las herramientas para abordar distintas formas de significación del cielo, especialmente la de los pueblos originarios, así como los vínculos que se tejen entre el movimiento astral y la vida cotidiana. Se inicia un camino que invita a recorrer múltiples significaciones que a lo largo y ancho del mundo, y a través del tiempo, diferentes pueblos abrigaron. Luego, la invitación no es a reproducir el conocimiento generado por otros pueblos sino a producir nuestra propia mirada celeste. Esta libre producción es interactiva, individual, pero a su vez socializada. Narra sobre la importancia que tuvo la observación celeste para los pueblos antiguos, los que dotaron al cielo de mitos, fábulas y leyendas que se transmitieron oralmente de generación en generación. ¿Saben lo que es una constelación?, ¿Conocen alguna?, ¿Escucharon algún mito vinculado a la astronomía, o a alguna constelación?, ¿Reconocen algún astro en el cielo nocturno? ¿Saben en qué fase está la Luna?, ¿Hace cuánto que no miran el cielo detenidamente? Conocer las significaciones del cielo de un pueblo equivale a un acercamiento a su identidad cultural. Las historias más antiguas, las primeras, están entrelazadas entre las estrellas. Cuelgan de la bóveda celeste. El cielo susurra historias a quien quiera oírlas. Pero no es fácil escucharlas. Implica un cambio de ritmo, un agudizar la escucha. Por eso la invitación es a detenernos a observar sensiblemente el cielo. (Territorios 1 y 2).

Además, por medio de talleres lúdicos-experimentales, se buscará poner en crisis nuestra relación con el entorno, abordar problemáticas contemporáneas como la generación de basura, el calentamiento global, los plásticos, la quema de los humedales, nuestro ríoy sus bajantes. Un abordaje en contexto, que nos sitúe como ciudadanas y ciudadanos activos y conscientes. Promover la cultura científica. Poder comprender los avances científico-tecnológicos de la sociedad actual. Adquirir conocimientos y actitudes sobre lo que es la ciencia, cómo se construye y funciona, cuáles son sus relaciones con la tecnología, la sociedad y el ambiente, desde un punto de vista crítico, cultural, emancipador y situado. (Territorio 3).

 

Pisar la tierra, mirar el cielo, es un proyecto que se presenta como territorio de experimentación, de laboratorio de ideas, de nuevas formas de establecer relaciones entre el conocimiento científico y la comunidad.

 

Sobre el proyecto…

Pisar la tierra, mirar el cielo. Un espacio colectivo de experimentación científica, es un  proyecto presentado por el equipo del Complejo Astronómico Municipal, en la convocatoria Ensayar Museos 2021, de la Fundación Williams, que propone acompañar iniciativas en formatos novedosos y relevantes. Sobre un total de 65 proyectos presentados por distintos museos del país, fueron seleccionados 21, entre los cuales se destacan dos representantes de Rosario: el proyecto del CAM, “Pisar la tierra, mirar el cielo”, y del Museo de la Ciudad: “Una vidriera a la historia de tu barrio. Intervenciones expositivas en espacios no convencionales”.

 

 

+info QR

 

QR  Testimonios

Si pueden lean (o escuchen en sus visitas guiadas en Tiawanacu o en el lago Titicaca) al boliviano Manuel De La Torre. http://www.astronomiaandina.260mb.com

Un gran estudioso de la astronomía guaraní y recopilador de la obra del jesuita Buenaventura Suárez (“el primer astrónomo criollo”) fue el paraguayo Blas Servín https://onx.la/38db1 

y 7. Si van al Machu Pichu, no se pierdan de escuchar a Ana Milla Hurtado y Herwin Salazar Garces, planetarista y director científico respectivamente del Planetario de Cusco, Perú. https://www.planetariumcusco.com

Mario Echeverría Baleta, en Vida y leyendas tehuelches. Leyendas mitológicas (editorial Ateli) narra este mito https://n9.cl/urcef

Sixto Giménez y Alejandro López publicaron interesantes trabajos sobre la astronomía de los pueblos del Gran Chaco. 

y 12. Gabriel Cepeda es uno de los dos chaná parlantes que quedan. Trabaja mucho en pos de difundir la cultura chaná. https://www.facebook.com/muestrasoyenden

Mariano Ribas coordina el área de Divulgación Científica del Planetario de Buenos Aires. En su libro Crónicas del cielo y la Tierra. Astronomía, historia y cultura (Editorial Tantaagua) da una explicación científica respecto al brillo de las Pléyades y su relación con ciertas condiciones meteorológicas.

El astrónomo sancristobalense Armando Mudrik realizó su tesis de grado sobre este tema. https://n9.cl/zi2aa

Uno que le dio varias vueltas a la astronomía quechua es el franco peruano Barthélemy Jean-Christian d AnsAlleman. https://n9.cl/g254m

El antropólogo y astrónomo Anthony Aveni, en Observadores de cielo en el México antiguo (Editorial del Fondo de la Cultura Económica) cita a la antropóloga Bárbara Tedlock sobre el tema.

 

 

QR Obra Loro 

NDINÍ LANTEC: el loro hablador del ritual funerario chaná.

Los humanos están compuestos por dos elementos: el ancát (alma) y el nem (espíritu).
El espíritu se hallaba en la cabeza y era el que posibilitaba el pensamiento y la razón. Al morir un chaná, el alma se retiraba del cuerpo convirtiéndose en una nueva estrella en el firmamento, llamado en chaná dananátmirrí, que significa “caserí­o de estrellas”.

En el ritual funerario se recreaba un recipiente de barro cocido que reproducía rasgos de un loro, o pájaro hablador. Pero además, tenían características de pez y también antropomórfica que podría servir para comprender parte de su cosmovisión: el hombre como un elemento más de la naturaleza.

Los chaná tenían entre sus reglas de convivencia puestos de guardias que eran obligatorios
y se encontraban escondidos a determinada distancia uno de otro en las orillas de sus aldeas. Para este pueblo el silencio era vital por cuestiones de seguridad, al punto que les amputaban las cuerdas vocales a los perros para que no ladren.

Cuando un guardián se distraía hablando, se entendía que ponía en riesgola vida de la comunidad, entonces Tijuiném -el único dios chaná-, lo castigaba convirtiéndolo en pájaro hablador.

A este objeto cerámico con forma de vaso invertido o campana, se le encendían yuyos
en su interior para que sahumara y así realizar el ritual funerario. El pájaro hablador acompañaba al difunto para distraerlo hablándole eternamente. De esta manera, su nem (espíritu) se mantendría entretenido y no saldría a asustar por las noches.


Obra de Gabriel Cepeda. Artista plástico, artesano, ceramista, músico, viajero, autodidacta. Oriundo de Granadero Baigorria. Creador de sus propios diseños, desarrolla sus actividades desde el año 1979. Las formas de elaborar las piezas son las mismas utilizadas por las culturas originales de América.

 

 

QR Domo

Dispositivo lúdico para soñar, diseñar, crear estrellas y constelaciones. 

El proceso mediante el cual los diferentes grupos étnicos elaboran su cosmogonía, se entiende desde un punto de vista colectivo, no individual. 

Para ahondar al respecto, recomendamos la reflexión de Alejandro López*, para quien “el conocimiento astronómico de las diferentes sociedades humanas debe ser entendido en un contexto cultural amplio, como un producto social. Somos seres sociales y todas nuestras producciones son hechos sociales. Las construcciones de visiones del mundo, las técnicas de observación, los métodos de interpretación y modelos del cielo, en general tienen una gran relevancia en los intereses de los distintos grupos humanos y requieren un gran esfuerzo colectivo”.

*Investigador adjunto del CONICET, presidente de la Sociedad Interamericana de Astronomía en la Cultural (SIAC) y amigo y colaborador del CAM